viernes, 25 de agosto de 2017

Roberto Catalini y Aníbal Cucardi

-¡Eh, Catalini!

-¡Cucardi, señor!, ¿cómo dice que le va?

-Aquí me ve, tomando un poco el aire, ¿qué me cuenta mi amigo?

-Lo mismo que usted, el jefe ha salido a cenar y me he escabullido para dar un paseíto fugaz, estoy mejorándome de un resfrío que me ha tenido guardado unos cuantos días

-Desde luego, amigo Catalini, eso está muy bien. Usted es un pensador, un contemplador de estrellas, uno de los buenos. Han de permitirle a uno esos pequeños placeres, ¿qué me dice si nos vamos hasta la esquina y aprovechamos el descanso? Estoy pensando en comer algo

-¡Jajajaja! Ya creía yo que le pasaba algo malo, ¡A esta hora y sin pensar en comida! Pero cómo no amigo, usted manda.

-Ahhh, Catalini, qué le puedo decir. Estoy gordo, lo sé. ¡Pero me encanta comer! Dígame qué le parece este sitio aquí junto a esta ventana

-Me parece perfecto. ¿Sigue con la dieta?

-Desafortunadamente, amigo, desafortunadamente. La bruja me controla la ración, los horarios, hasta la cantidad de veces que mastico cada bocado. Pero debo confesarle amigo, y usted es un buen amigo y me va a comprender… temo que como a escondidas. Cuando ella se va, revuelvo alacenas, estantes, ¡hasta cajones de bombachas y medias! A veces encuentro algo y me doy un atracón, aunque esta mujer cada vez me esconde mejor el sustento

-Lamento oír estos penares, amigo mío. Pero permítame decirle que usted es un macho alfa, un tano corpulento y fornido, ¡tiene que hacerse respetar señor!

-Tiene toda la razón Catalini, pero, sabe, la edad me viene amansando. Ya no soy quién era, ¡la pucha! ahora soy un macho castrado. Aunque por dentro, mi amigo, me dominan los impulsos. A veces pienso que me gustaría parecerme más a usted, un tipo sereno, calmo, con ese carácter pacífico, tan admirable. Me cuesta domar a la fiera, qué va a ser…

-Lo comprendo como nadie, créame. Usted y yo somos de la misma especie. Aunque lo noto un poco más inquieto de lo usual, ¿le sucede algo camarada?

-Ya que lo menciona Catalini, de hecho, sí. ¡Qué tipo perceptivo es usted! Se lo voy a contar en confianza. Hace unos días conocí a una mujer ¡y qué mujer! No puedo explicarle señor, qué despliegue, qué encanto, qué deleite para estos ojos. Acérquese, venga, que le confieso algo, ¡la forma en que mueve la cola al caminar esa gatita! Hay que ver para creer, ¡y mire nomás! Ahí justito la tiene, vea, ¿la ve Catalini? ¡Mire que venir a sentarnos junto a esta ventana!, fíjese la casualidad o el capricho del destino, paseándose ella frente a nuestras narices mi amigo, parece cosa de mandinga

-Cucardi querido, ya veo bien de lo que me habla, y está usted en lo cierto. Pero, dígame, ¿la patrona, sabe?

-¡Qué va a saber esa mujer del demonio! ¡No sabe nada, no entiende nada! ¡Y mejor que no se entere, no señor! Si al fin y al cabo, hacer, no puedo hacer nada, por ese problemita que le comenté hace ya tiempo…

-Ah, Cucardi, es un problema de muchos, qué se le va a hacer, cosa de estadísticas, a unos les toca, otros se salvan. Piense que la buena fortuna es azarosa. Piense que al menos, tiene a alguien que, más allá de todo, lo cuida. Vea cuánto vagabundo tirado en la calle penando por un bocado, vea. Allí nomás, al otro lado de la ventana, ya tiene unos cuantos. Usted y yo somos dos tipos con suerte.

-Usted es la voz de la sabiduría Catalini, no me canso de decirlo. Y acepto la vida que me ha tocado, con sus ventajas y sus dificultades, pero el alma nuestra es libre, es la poca libertad que conservamos. Y el alma, gracias al cielo y a las estrellas, aún puede soñar, y en ese sueño, vuelve a su naturaleza más auténtica. Disfrutemos lo que nos queda mi buen amigo. ¡Salud!


miércoles, 24 de septiembre de 2014

Hombre de plástico blanco

Un cuerpo humano, envuelto
una lentitud visceral,
una estructura física en reposo

Una única posición inanimada;
los ojos clavados como lanzas
los labios muertos de rigidez

Un punto, un instante irreal
en la eternidad de un tiempo.
Una silueta pálida, muda

Una inquietud inmóvil;
un rigor de egoísmo
en un existir aislado

Una cubierta inerte,
una cáscara rota, intacta
gruesa, agria, filosa.